Nacemos y a medida que vamos creciendo, con lo propio y lo aprendido, vamos desarrollando ciertas maneras de ser y de estar en el mundo.
Si observamos dichas maneras o aspectos como partes de una polaridad: ordenado-desordenado, perezoso-entusiasta, calmo-ansioso, retraído-expresivo, miedoso-valiente, podemos distinguir que cada manera de ser, manifiesta en las acciones que emprendemos, deja afuera un aspecto no asumido. Soy ansioso, me defino, y mi lado calmo queda en sombras, rechazado.
Como seres humanos lanzados a la experiencia cotidiana de la vida, cada dificultad por la que atravesamos revela un límite o aspecto no asumido. Desde el supuesto que somos de una manera única y definitiva: así soy yo, decimos y nos decimos, desarrollar esos aspectos que nos completan e integran no aparece como posibilidad. Y es así que, seguimos andando por el mundo: seres incompletos, des-equilibrados, in-armónicos….hasta que el cuerpo expresa a través del síntoma.
El síntoma no es entonces sino la expresión en el plano físico de un desequilibrio en lo mental, lo emocional o lo espiritual, dimensiones profundamente vinculadas que nos constituyen.
La salud se constituye en el equilibrio, la integración y la armonía.Cuando ampliando nuestra conciencia aprendemos a tomar las dificultades o los síntomas no solo como límites sino también como la posibilidad de trascenderlos y nos lanzamos a la aventura de desarrollar nuestros aspectos no asumidos ganamos calidad de vida y salud.
El coaching ontológico es una invitación a expandir nuestra conciencia y nuestra capacidad de acción para hacer de las dificultades cotidianas y aún de la enfermedad maestras y aliadas en el camino hacia la plenitud y la salud.