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SOMOS COMO ACTUAMOS

En mi experiencia de consultorio cotidianamente descubro qué presos vivimos de nuestras definiciones acerca de nosotros mismos.  

Quiero cambiar de trabajo pero… no puedo porque soy miedoso.

Quiero salir a caminar todos los días pero… no puedo porque soy vago.

Quiero comprarme un auto pero… no ahorro porque soy desorganizado.

Quiero cuidar mi salud pero… no lo hago por soy inconstante.

¿Lo nos impide mejorar nuestra calidad de vida es el miedo, la vagancia, la desorganización, la inconstancia o son nuestras ideas certezas acerca de nosotros mismos?

Comprendamos cuál es el juego engañoso en que nos enredamos:

HICE O NO HICE ALGO

ALGUIEN declaró: qué miedoso!. 

Esa declaración, desde la autoridad conferida a quien la emitió (puedo haber sido yo misma), fue escuchada como “ésa o ése soy yo” y desde entonces convertimos, lo que fue expresado como consecuencia de ciertas acciones, en la causa de lo que nos pasa:  “Y claro! No me animo porque soy miedoso”. O “¡Cómo voy a bajar de peso con lo inconstante que soy!”.

Como seres humanos y, dentro de los límites que nuestra biología nos impone,  somos una posibilidad abierta a nuestro coraje y nuestra creatividad y sólo en el mundo de las ideas encajamos en una definición acotada y definitiva de quienes somos.

Si observamos las acciones que emprendemos en un cierto ámbito de nuestra vida (salud, pareja, familia, relaciones, trabajo, dinero, ocio, personal),  empezamos a ver que podemos hablar de ciertas tendencias (a ser ordenado, inconstante, entusiasta, miedoso) que varían aún en el mismo ámbito cuando nos relacionamos con diferentes personas y también frente a diferentes situaciones.  Podemos distinguir también que estas tendencias se han venido modificando en el tiempo, e incluso empezamos a ver que lo que para mí es ser ordenado para otro u otros es ser desordenado, y lo mismo con otros aspectos.

¿Tiene sentido entonces hablar de cómo somos de manera general y estática?

Nacemos con lo propio y lo heredado y en el transcurrir del tiempo vamos aprendiendo y desarrollando ciertas tendencias como parte de un tiempo histórico, una cultura y una familia.  En ese contexto y a través de nuestras experiencias de vida vamos moldeando una identidad: cómo nos ven y cómo nos vemos.

Hablemos de cómo nos ven y cómo nos vemos, hablemos de tendencias, de cómo estamos siendo, acotemos a ámbitos, situaciones y personas, reconozcamos que cada ser humano mide son su propia vara pero... estemos alertas al riesgo de limitarnos al como somos. 

Recién cuando soltamos la seguridad de nuestras pequeñas certezas y definiciones somos capaces de reconocernos en nuestra sobrecogedora dimensión.  Más allá del temblor, de la sensación de incertidumbre y vértigo, entonces y solo entonces, nos damos la oportunidad de crear la vida que soñamos.

 

TENER INFORMACIÓN VS SABER

Estoy pesando casi 100kg.  Quiero bajar de peso pero no lo consigo.  Bajo tres y subo cinco.  Bajo uno y subo dos.  Sé mucho sobre dietas…  y sé sobre la actividad física que más me conviene.  Sé sobre vida saludable. Sé qué hacer y qué no hacer para bajar lo que necesito.

Solemos vivir el tener información y el saber como sinónimos.

¿Qué diferencia ves entre saber andar en bicicleta y tener mucha información sobre cómo se anda?

De eso estamos hablando.

Vivimos en un mundo en el que la información viaja de un lado del planeta al otro a velocidades impensadas hasta hace unos pocos años… estamos superinformados pero el saber va por otro lado.

El saber tiene que ver con la capacidad de accionar con efectividad en algún ámbito específico.

Esta distinción puede ser irrelevante cuando se trata de mantener una conversación informal sobre algún tema, pero cobra especial relevancia cuando se relaciona con nuestra salud.

El pensar que sé… pero no puedo… genera mucha frustración, impotencia y lleva a la  resignación.   Terminamos dándonos por vencidos. 

Te invito a mirarte desde una nueva interpretación

¿No será que tengo mucha información pero todavía no sé como llevarla a mi vida?

El NO SÉ es la puerta de acceso al aprendizaje y al saber.

 

 

PREVENCIÓN "EXTERNA" E "INTERNA"

En situaciones como la que estamos viviendo con la gripe A es especialmente importante tomar conciencia y actuar consistentemente con nuestra cuota de responsabilidad en el cuidado de la salud individual y colectiva. 

Tal como se viene remarcando en los medios de comunicación es importantísimo atender a ciertos cuidados y normas de higiene y prevención “externa”  y también, de manera paralela, es importante ir tomando conciencia de formas de prevención “interna”. 

Como parte de ese proceso de prevención “interna” es fundamental prestar atención a nuestros pensamientos  

¿Cómo estoy interpretando o viviendo “lo que sucede”?

El plantearnos los acontecimientos de la vida (virus, dengue, crisis económica, OBESIDAD) en términos de “enemigos” nos predispone a atrincherarnos y preparamos para la defensa. Entramos en un círculo vicioso de pensamientos-miedo que nos lleva a la ansiedad y al pánico lo que, según investigaciones científicas de los últimos años, impacta negativamente en nuestro sistema inmunológico, facilitando aquello que pretendemos evitar.

Sin embargo, es suficiente limitarnos a atender nuestros pensamientos?

El prestar atención a nuestros pensamientos como conducta saludable y de prevención “interna” no es suficiente, es parte de una actitud ante la vida que podríamos sintetizar en seis conductas elementales, como las llama el Dr. Marcelo Suárez, y vinculadas entre sí sobre las que proponemos reflexionar de manera individual y colectiva

Qué como? Cuánto y cómo como?

Cuánto tiempo dedico al ejercicio físico en la semana?

Cuánto al descanso diario?

Cómo respondo a la necesidad de hidratación de mi cuerpo?

Cuánto sé del modo en que respiro y de su impacto en mi estado de salud?

 

Si alguien arroja un ladrillo, las consecuencias del impacto ¿serán las mismas en un elefante que en un ser humano?

Evidentemente no.

¿Podemos hablar entonces de un ladrillo “matador” o es la relación entre el impacto y la estructura sobre la cual impacta lo que define las consecuencias?

Así como el ladrillo, el virus no impacta a todos los afectados de la misma manera. Cada uno de nosotros puede contribuir activamente a que su organismo sea capaz de responder preservando la salud frente a un virus o frente a cualquier otra situación emergente: virus, dengue, crisis económica, OBESIDAD.

¿Somos concientes de ese poder que nadie sino cada uno de nosotros puede ejercer o vamos por la vida de “enemigo” en “enemigo” depositando nuestra salud EXCLUSIVAMENTE en manos de “expertos” cuando “algo” no funciona?

 

 

INTEGRAR CUERPO Y MENTE

Cuando llevamos años de pensar y vivir la obesidad de una cierta manera, cuando llevamos casi una vida de llevar adelante cierto y determinado tipo de "tratamientos"... ante lo nuevo aparecen resistencias.  No se trata de que hasta "algo que no está bien" en nosotros como solemos pensar (¿Qué me pasa?) se trata de que hay condicionamientos que nos llevan a repetir, un viejo surco por el cual aprendimos a andar y a pensar... como una insistencia y persistencia de lo viejo que se niega a dar lugar a algo distinto.
Necesitamos “preparar la tierra”, aflojarla, airearla… para crear nuevos surcos, para que algo nuevo pueda prosperar.  Y es un trabajo de paciencia.  ¿Paciencia? ¿y con la ansiedad qué hacemos?

Entrenamos.

Como el deportista que va a correr la carrera de su vida: entrenamos.  Llueva, haga calor o haga frío… entrenamos.  Entrenamos.  Entrenamos. Entrenamos.  CONCIENCIA & ACTITUD en su primera etapa es ENTRENAR, ENTRENAR, ENTRENAR.

Es algo simple, aunque difícil en el decir de quienes están iniciando este nuevo camino y en mi propia experiencia.  Entrenar en recuperar la conexión con nuestro cuerpo…  es tarea de paciencia.

Allá a lo lejos, hace tiempo, la mente ha tomado la delantera y nos lleva.  El cuerpo quedó muy atrás: olvidado,  criticado y desvalorizado.  Lo vemos y no nos gusta, nos preocupa, pero paradójicamente, estamos desconectados de él y sus necesidades.   Entonces, se “agranda” en lo visible y palpable… no escatima esfuerzos en llamar la atención.  Necesita compensar.

Estamos preparando la tierra, trazando nuevos surcos… ante condicionamientos, viejas formas de pensar, pensar-nos y explicar, ante la lógica y los razonamientos aprendidos… necesitamos dar lugar a un cuerpo, escenario de nuestros cinco sentidos y nuestras emociones... y equilibrar.   Es tiempo de equilibrar cuerpo y mente.   El bien - estar se constituye en ese equilibrio.

Estamos preparando la tierra, trazando nuevos surcos… es el tiempo de echar luz en espacios que hace tiempo quedaron sumergidos en la oscuridad.  Es el tiempo de los sentidos.  Es el tiempo del cuerpo como aliado y amigo.


DE VÍCTIMA A PROTAGONISTA

Cuando me doy cuenta… ya estoy masticando.

¿Cuándo entró ese bocado en mi boca?… ni registro.

Cuántas veces en lo cotidiano nos descubrimos en actitudes semejantes?

Con la comida o en muchas otras circunstancias, “hacemos” empujados por quién sabe qué fuerzas.

¿Y nosotros… cómo jugamos en todo esto? Cuál es nuestro rol?

Ni más ni menos que el de víctimas de las circunstancias.  Es el alimento que se metió en mi boca, la bronca que me hizo decir lo que no hubiera querido, la ansiedad que me llevó a hacer contra mi voluntad, es mi marido, mi mujer, mi hijo, mi compañero de trabajo, mi jefe… es la vida… y esta maldita enfermedad: la obesidad!

Y vos… Qué rol jugás en esta historia?

Lo decía uno de los más grandes revolucionarios de nuestro tiempo, Albert Einstein: “no podremos resolver nuestros problemas si pensamos del mismo modo que cuando se generaron”.

Empezá a prestar atención al modo en que pensás: el alimento me tentó…, la bronca me hizo…, la ansiedad me llevó…, un otro…, la vida…, la obesidad… hicieron que yo…  Hay siempre un otro que te tironea,  el problema está afuera. 

No te digo que esté mal ver las cosas de esta manera, solo que te des cuenta que,  desde esta perspectiva… ¿qué posibilidades tenés para cambiar tu situación actual? El poder está afuera y terminás siendo una víctima de la comida, de la bronca, de la ansiedad, de los otros, de la obesidad.

Podemos ser fuerza activa en la deriva de la vida.  El primer paso es reconocer que, sí podemos elegir cómo responder ante la comida, la bronca, la ansiedad, ante los otros, ante la enfermedad.  Y eso cambia la historia.

No agrego sufrimiento al dolor de lo que “me toca”: acepto y asumo mi parte de responsabilidad para aportar a la creación de un estado de mayor bienestar cualquiera sea la situación en la que me encuentre.

Necesito entrenar… es cierto. 

Necesito desarrollar mi capacidad de elegir… es cierto.

Se aprende.



LAS EMOCIONES QUE ENGORDAN

 

Como.  Estoy triste.  Como.  Estoy alegre.  Como.  Me enojo.  Como.  Me pongo ansiosa.  Como.  Me angustio.  Como.  Me embronco.  Como.  Estoy superfeliz.  Como.  Estoy deprimida.  Como.  Me frustro.  Como.  Estoy eufórica.  Como.   Me aburro.  Como.  Estoy entusiasmada.  Como.  

Solemos identificarnos con nuestros pensamientos (soy gorda, soy desorganizada, soy hija de un padre violento).  Vivimos nuestro cuerpo como algo de lo que hay que ocuparse, sobre todo cuando empieza a molestarnos…. Y nuestras emociones… o nos las tragamos o nos llevan a explotar y vomitar todo lo que tenemos para decir.

Los seres humanos somos coherencias de lenguaje, cuerpo y emoción.  Lo que decimos o pensamos está en coherencia con nuestra corporalidad (gestos, respiración, postura, fisiología, tonos de voz) y con las emociones que vamos transitando.  Cuando vivimos ignorando el impacto de nuestras emociones en nuestras vidas, o ignorando que somos también nuestro cuerpo, o sin saber que nuestros pensamientos contribuyen a la creación de una realidad de la que vamos siendo responsables... nos constituímos en nuestros propios carceleros.

Nuestro cuerpo tienen una inteligencia propia: se auto-regula para mantener nuestra salud y cuando surgen desequilibrios, nos los anuncia.   Los kilos de más son su mensaje.  Podemos limitarnos a hacer una dieta para acomodar nuestro cuerpo a “lo que debería ser” al estilo de la edad media en la que se mataba al mensajero que traía un mensaje que no era del agrado del rey,  o podemos abrirnos a comprender esa inteligencia más vasta y poner manos a la obra y comprometernos en realizar una tarea que abarque la totalidad y la grandiosidad de la experiencia que somos.  
Quienes estamos siendo es solo una posibilidad entre las muchas de las que disponemos para nuestra realización.  Hagamos lo posible… inevitable.

 

 

UN NUEVO CAMINO. LOS OBSTÁCULOS

Como. Casi sin conciencia.  Como.  No elijo comer.  Como.  La comida me elige.  Como.  Comer me da placer.  Como.  Sin saborear.  Como.  Sin detenerme.  Como.  Bocado tras bocado.  Como.  Hasta casi el dolor.  Como.  Será eso placer? Como.  

Esta actitud frente a la comida, no es sino el reflejo de nuestra mente.  

Así como yo no paro.  No para mi mente:  Lo que debí haber hecho, lo que debería hacer, lo que pasó, lo que va a pasar, lo que me conviene, lo que mejor no, lo que comí, lo que tendría que haber comido, lo que soy, lo que no soy, si fui tonta, si no pude, si empiezo esta semana, si empiezo la que viene, si mañana me cuido, si mi madre, si mi marido, si mi mujer, si mi hijo, si mi jefe… si no fuera tan gorda, si estuviera más delgada….

El cuerpo inevitablemente vive en el presente.  La mente vagabundea erráticamente,  y en ese saltar incesante entre un pasado que ya no es y un futuro incierto, en medio de la crítica despiadada o la excusa tranquilizadora nos aleja del único tiempo que tenemos disponible para hacer algo por nuestro bien-estar: el presente.

No se trata de vivir el presente ignorando el pasado y el futuro y sí de vivir en el presente concientes del pasado y responsables por el futuro.

Si busco cambiar mi relación con la comida, o lo que sea que necesite cambiar para vivir mejor,  necesito entrenar mi mente para que acompañe en vez de ser un lastre.  Es en el círculo vicioso de pensamientos más pensamientos más pensamientos que aparecen la ansiedad, la angustia, la frustración, el desánimo y el abandono del cuerpo.  

Cuerpo y mente integrados en el logro de un objetivo:  es en esa integración y vinculación en las que vamos construyendo bien-estar y salud.

 

CONCIENCIA Y ACTITUD

Somos un cuerpo en el que se manifiesta una mente, en el que se manifiestan emociones y también se manifiesta nuestro espíritu o alma.

Si nos vemos de este modo podemos entender nuestros kilos de más no como algo “que no debería estar” sino como el llamado de atención de un cuerpo que expresa que hay algo que estamos descuidando, algo a lo que no le estamos prestando la suficiente atención. 

Esta perspectiva cambia nuestra relación con esos kilos y podemos hasta darles la bienvenida, podemos dejar de pelear, dejar de criticarnos y dejar de hablar de lo que tanto sabemos: de comidas, de dietas, de vida sana o de lo que hay que hacer para bajar de peso: “Yo sé todo lo que hay que hacer… pero no lo hago” es lo que dice la persona en la consulta tras mil y un intentos frustrados. 

Si hablar de eso que tanto sabemos nos trajo hasta donde hoy estamos… ¿no será tiempo de empezar a hablar y a explorar “lo que no sabemos”, eso que nuestro cuerpo está expresando?

De eso se trata el coaching, de eso se trata CONCIENCIA & ACTITUD:   aquietar nuestra mente, recuperar la conexión con el cuerpo y con nuestras emociones y fundamentalmente recuperar la conciencia de un poder que , en medio de las preocupaciones de la vida cotidiana, el stress, el sufrimiento y el miedo hemos perdido: la conciencia de que en nuestras manos está el poder para vivir con mayor bien- estar.  Despertar conciencia de poder y aprender la actitud necesaria para ejercerlo: ése es el desafío que los kilos de más nos proponen.

 

¿QUÉ ES EL COACHING ONTOLÓGICO?

El Coaching es un proceso de entrenamiento personalizado que facilita a las personas ampliar la conciencia de sus posibilidades y desarrollar la emocionalidad necesaria para traducirlas en nuevas acciones y nuevos resultados.

Tiene lugar en conversaciones entre un profesional, el coach, y una persona o un grupo.  No es terapia, pero sus efectos son terapéuticos y notables en pocas semanas.  Se trata de un abordaje eficaz, hay quienes dicen un arte, que tiene su origen en el mundo del deporte.  ¿Quién no ha oído hablar del coach deportivo?  
Desde el mundo del deporte y de la mano del sociólogo chileno Rafael Echeverría, en Estados Unidos, el Coaching se nutre del aporte de la filosofía, la biología, la sociología y la lingüística y da lugar a lo que llamamos Coaching Ontológico.  Incursiona en el mundo de la empresa, logrando el auge que hoy conocemos, por su poder para generar en los ejecutivos y los equipos de trabajo cambios extra-ordinarios (fuera de la común) operando siempre desde el cuidado y el profundo respeto por la persona. 

Alcanzar un peso saludable y mantenerlo en el tiempo es para muchas personas un resultado extra-ordinario, de ahí el extender la práctica de este abordaje emergente al tema del sobrepeso y la obesidad y en un sentido más amplio, al tema de la salud y la creación de estilos de vida saludables.

Así como el Coaching es un proceso de entrenamiento, el coach es un entrenador para el bienestar. Es ese profesional que escucha, motiva, desafía, alienta, un creador de contextos para que, quien consulta trascienda su situación inicial de sufrimiento y sea capaz de crear los resultados a los que aspira.  
En ese  proceso de transformación que da lugar a nuevas formas de ser y de estar en el mundo: la persona desarrolla su inteligencia emocional y su conciencia corporal y adquiere recursos lingúísticos que por ser genéricos puede implementar en toda situación y ámbito de su vida.
El Coaching como abordaje que amplía los límites de lo posible genera autonomía y calidad de vida superior.


POR QUÉ FRACASAN LOS TRATAMIENTOS TRADICIONALES DE LA OBESIDAD

Sería
presuntuoso pretender encontrar una única respuesta.  Lo que sí podemos decir y, lo revela seguramente revela tu propia experiencia es que, reducir el tratamiento del sobrepeso y la obesidad a dietas hipocalóricas resulta insuficiente.  Podemos incluso alcanzar nuestro peso saludable, pero al tiempo volvemos a ponernos "los kilos encima" casi inevitablemente. 
¿Cómo podemos explicarlo?
Los seres humanos somos coherencias de cuerpo, emoción y lenguaje.  
¿Qué decimos con esto? 
Vamos a un ejemplo.  Cuando estamos enojados o enojadas,  lo que decimos o pensamos no es lo mismo que cuando estamos alegres; nuestros gestos,  nuestros tonos de voz, nuestros movimientos hasta nuestra respiración, que se vuelve agitada, son distintos.  Es decir: emoción (enojo, alegría, tristeza, frustración), corporalidad (gestos, tonoz de voz, movimientos, respiración) y lenguaje (lo que pensamos o decimos: las historias que contamos y nos contamos) están en coherencia.   Los seres humanos somos coherencias de emoción, cuerpo y lenguaje.
Si observamos el tema del sobrepeso desde esta idea, comprenderemos que, no es lo mismo lo que nos es posible sentir, pensar o decir desde un cuerpo en un peso saludable que desde un cuerpo con 10, 20 o 30 kilos más.   Cambia la corporalidad... cambian el rango de emociones posibles y cambia el tipo de conversaciones que somos capaces de mantener con nosotros mismos y con otros.  Se trata de dos coherencias distintas.  
Vamos a tu propia experiencia.  Evocá tus épocas en un cuerpo saludable.  ¿Qué pensamientos aparecían? ¿Que te decías...? ¿Era lo mismo que hoy, con un sobrepeso de años?
Cuando el programa de descenso de peso se reduce a una dieta hipocálorica, empezamos a perder peso: nuestro cuerpo cambia y pareciera que cuánto más rápido mejor... pero ¿qué pasa con nuestras emociones? ¿Qué pasa con nuestros pensamientos?... ¿acompañan ese descenso? Empezamos a sentirnos mejor pero, qué tan profundo y sostenible es ese cambio... ¿qué pasa con nuestras "recaídas" y nuestros "bajones"?  De qué hablan? Qué expresan?
Hay una nueva coherencia emergente que es tironeada: son nuestras viejas y conocidas emociones, nuestras viejas y conocidas historias.
Si no sostenemos nuestro descenso trabajando con nuestro mundo emocional y transformando las historias que contamos y nos contamos sobre nosotros mismos y sobre el mundo, más tarde o más temprano, la vieja coherencia gana la pulseada.  Son años de emocionar y de pensar y de una cierta manera.  Y cuando esto ocurre, casi sin darnos cuenta, recuperamos los kilos perdidos.


LA OBESIDAD.  UNA CONCEPCIÓN INTEGRADORA


El cuerpo expresa.

La obesidad es un síntoma, un mensajero que, como la luz roja del tablero del auto, viene a contarnos que hay algo a lo que necesitamos prestar atención.

SOY organizado, eficiente, activo…   Para cada aspecto al que decimos SI y que nos constituye, hay un “NO SOY…” que nos fragmenta, desequilibra y se convierte en “carencia”. Es ese desequilibrio o desarmonía el que se expresa de manera concreta a través del cuerpo en el síntoma.

Sin embargo… Cómo reconocer nuestras carencias  cuando vivimos casi permanentemente en piloto automático? Cómo generar una actitud de observador que nos permita desarrollar aquellos aspectos que no hemos integrado? Cómo hacer del síntoma guía y maestro en el proceso de completarnos y mejorar nuestra salud?

Estamos inundados de información sobre la vida sana pero hemos perdido casi por completo nuestra comprensión de la sabiduría de nuestras emociones. Estamos muy preocupados por la apariencia física pero hemos perdido casi por completo la conexión con nuestro cuerpo. Vivimos tironeados por una mente que salta incesantemente entre un pasado que ya fue y un futuro incierto privándonos del único momento en el que podemos hacer algo por nuestra salud: el presente.

Podemos empezar a tomarnos más en serio a nuestro cuerpo y aprender a escuchar sus mensajes.  Podemos  desarrollar nuestra conciencia y nuestra sabiduría corporal y emocional.  Podemos re-aprender nuevas maneras de ser y estar en el mundo.  Podemos desarrollar competencias para acercar al presente la posibilidad de una vida en plenitud.  Podemos... si asumimos un rol activo en el cuidado de nuestra salud integral (físico-mental-emocional-espíritual).

El cuerpo es el alma presentada en su forma más rica y expresiva. En él vemos al alma expresada en el gesto, el vestido, el movimiento, la forma, la fisonomía, la temperatura… en erupciones en la piel, los tics, los kilos de más…


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